Una silla vacía en Navidad


Llegan las fiestas navideñas y con elles se avivan los recuerdos de antaño y también de los que ya no están entre nosotros. Es por esto que muchas personas odian la Navidad, pues para ellos es revivir y experimentar una cascada de emociones y sentimientos ante una silla que queda vacía en la mesa familiar. Es lo que algunos ya conocen con el síndrome de la silla vacía.
Llanto, rabia, aflicción, desesperación, soledad, culpa, negación o incluso alivio son sentimientos normales y sanos que aparecen cuando una persona nos deja para siempre. ¿Pero qué podemos hacer ante una silla vacía? ¿Qué actitud debemos tomar? ¿Qué pasa si la persona más afectada por esta pérdida no quiere compartir o celebrar las fiestas? ¿El día de la celebración hay que hablar de ello abiertamente o pasar de puntillas?
Los expertos recomiendan no juzgar y sobre todo que cada uno decida según sus sentimientos, dejando que cada uno elabore su propio duelo, un proceso natural. Muchos optaran por salir de viaje e irse lejos del escenario habitual de sus celebraciones, otros se quedaran en casa y algunos apostarán por innovar en las tradiciones familiares y reinventarse tras la pérdida de ser querido.
Poco a poco con el tiempo echaremos la vista atrás, pero no para revolcarnos en el dolor por la persona que se ha ido, sino para ver cómo hemos avanzado en nuestro proceso de duelo. En algunas familias y grupos de amigos que han perdido alguno de sus integrantes, en las celebraciones familiares, pese al paso del tiempo, optan, deliberadamente por dejar una silla vacía en recuerdo del que ya no está, una acción que no se hace desde la rabia, el dolor y la tristeza, sino como signo de homenaje, estimación y en memoria del que ya no está.
En nuestro centro Koré podemos ayudar a estas personas a sobrellevar este proceso de duelo y ayudar con osteopatía craneal, reflexología y un tratamiento de Flores de Bach a liberar las emociones internas y sacar el peso del dolor, la tristeza o la rabia que una situación así puede provocar.
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Memoria de daños o quiste emocional

Cuando hemos sufrido un traumatismo, corte, incisión o rotura de tejido orgánico de cualquier tipo, bien sea accidental o voluntario (operación de estética, piercings, tatuajes, etc.) nuestro cuerpo guarda memoria del daño recibido y especialmente de las sensaciones que van relacionadas con él.

Esta memoria no reside necesariamente en el cerebro sino que normalmente radica en las fascias y otros tejidos orgánicos y persiste a lo largo de los años.

Podemos compararlo con lo que ocurre al instalar o desinstalar programas en nuestro ordenador: suelen quedar archivos residuales perdidos en el sistema que, con el tiempo se acumulan ralentizando la máquina, que no funcionará correctamente hasta que sean localizados y borrados.

Citaremos el caso real de un cliente que sentía molestias en una rodilla desde hacía muchos años. En ninguna de las pruebas médicas que se había realizado se consiguió encontrar la causa. 

Durante una sesión de terapia craneosacral revivió un incidente olvidado hacía mucho tiempo. Cuando era niño, sufrió un pequeño accidente en esa rodilla. Ocurrió delante de su familia y por jugar donde le habían advertido que era peligroso, de modo que además del daño se sintió muy avergonzado.

Mientras evocaba los hechos sintió una súbita sensación de alivio en la rodilla acompañada de un “clac” perfectamente audible en la cabina, aunque en ese momento no se le manipulaba la zona afectada.

Después de esto nunca más volvió a sentir dolor ni molestias.

Aunque la pequeña herida había curado hacía 50 años, la situación vivida permaneció enquistada en sus tejidos hasta el momento de su liberación.

Cualquier trauma físico va asociado a otro emocional más o menos intenso que queda registrado en la memoria tisular y durante mucho tiempo puede hacer que tengamos molestias crónicas o reincidencias en traumatismos aparentemente curados.

En las terapias naturales, al ser el propio cuerpo el que favorece su curación, lo hace siempre de una forma integral borrando todos los rastros emocionales o energéticos relacionados.
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De mis primeras experiencias con la Reflexología Podal (1)

Antes de iniciar el trabajo profesional como terapeuta, realicé un programa personal de prácticas. Hay que tener en cuenta que yo provenía de una profesión muy técnica y necesitaba comprobar todos los resultados para estar absolutamente segura.

Este caso formaba parte del programa.

Geraldine, de 6 años, es compañera de colegio de mi hija. Come mal y es más pequeña de lo normal para su edad, teniendo en cuenta, además, que sus padres y hermanos son altos.

Después de las primeras sesiones de Reflexología aconsejo a sus padres que la visite un urólogo porque noto que sus riñones no funcionan normalmente. No hacen caso de mi recomendación. Hay que indicar que en aquel momento decir reflexología era lo mismo que decir brujería.

Tres años más tarde vuelvo a practicar unas sesiones, obteniendo la misma impresión y consigo convencer a sus padres de que la lleven a hacer una revisión. El urólogo no encuentra nada anormal, lo atribuye todo a mala alimentación, a que la niña “es de poca vida” como se decía antes.

Cumplidos los 11 años tiene un fuerte dolor en la espalda y fiebre. Es ingresada y se le diagnostica que un riñón no funciona bien desde su nacimiento. Se la somete a tres sesiones semanales de diálisis. Durante 6 meses le practico sesiones de reflexología, diarias al principio y bajando progresivamente hasta una por semana. En todo ese tiempo no se presentan problemas secundarios.

A los quince días de dejar los masajes se presentan dificultades en la diálisis. Me piden que continúe el tratamiento, esta vez parece que con más convencimiento por parte de la familia. La diálisis continúa sin complicaciones.

La niña nunca se muestra receptiva al tratamiento y los padres, aunque comprueban muchas veces que funciona bien, lo mantienen en secreto con los médicos.

Aún así, el personal médico que la atiende consigue contactar conmigo porque se entera de que yo le hago “algo” que, según sus comprobaciones, estimula al riñón enfermo a funcionar mejor.

La doctora con la que me entrevisté es actualmente una prestigiosa cirujana plástica.

Finalmente se le practica un trasplante con éxito y a partir de ahí la familia corta el contacto conmigo. No ha vuelto a hacerse ningún tratamiento no convencional porque dice ser partidaria de la medicina oficial.
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Vuelta al cole

Los niños también padecen estrés. La entrada del otoño coincide para ellos con la vuelta al colegio, inicio de guardería, etc.
El contacto repentino con todos los otros niños, sumado al estrés por los cambios, facilita la caída de defensas y la propensión a infecciones víricas, normalmente leves, en forma de resfriados (tos, mucosidad, dolor de garganta, etc.)
Para fortalecer el sistema inmunitario os recomendamos:
Echinacea: Estimula las defensas. 1 toma antes de ir al colegio. La encontrareis en Parafarmacias o Herboristerías. Para niños, mejor en gotas. 
Infusión de tomillo con una cucharadita de miel. Es antivírico, refuerza los bronquios y limpia la garganta.
Aconsejamos la aplicación de unas sesiones de Reflexología Podal antes de comenzar el nuevo curso. Previenen, equilibran y aumentan las defensas
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Tiempo de lumbalgias

Estos días de cambios de tiempo, especialmente por el aumento de la humedad, son frecuentes las lumbalgias. Un dolor que irradia toda la zona lumbo-sacra por inflamación o contractura muscular.
Suelen ser provocadas por accidentes, caídas, gestos forzados, levantar objetos pesados, etc…
Soluciones (a parte de los típicos antiinflamatorios)
La aplicación en la zona de un gel o crema de Harpagofito puede ayudar mucho. Si además tiene en casa una lámpara de infrarrojos, la combinación de ambas cosas funciona muy bien.
En un tratamiento con medicina ortomolecular recomendaríamos vitamina B12 + un complejo vitamínico B.
También la Bromelia, que se puede encontrar en diferentes formatos en vuestra tienda de dietética o herbolario.
En caso de deportistas o personas que realicen esfuerzos físicos de forma cotidiana es imprescindible una aportación de magnesio + vitamina B.
Por supuesto en casos de dolor intenso o reiterativo es importante contactar con un terapeuta experto.
Para personas propensas a padecer lumbalgia os recomendamos estos sencillos ejercicios para reforzar toda la zona abdominal y lumbar y evitar la repetición de estos dolorosos episodios.
  1. Acostados lateralmente, hacer la bicicleta girando el tronco de modo que quedemos mirando hacia atrás. Después cambiar el cuerpo de lado y repetir el ejercicio.
  2. Tendidos boca arriba. Subir las piernas juntas y rectas, seguidamente bajarlas mientras las separamos volviéndolas a juntar al llegar abajo.
Por supuesto estos ejercicios deberán realizarse cuando NO se tenga lumbalgia
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